Una de la acepciones del término vértice nos lo define como el punto común entre los lados consecutivos de una misma figura.
Trasladado a la persona, para mí dicho término alude a una visión global de la misma. Es decir, la persona, globalmente, constituye el vértice de sus aspectos. La combinación de éstos nos hace (o no) únicos.
Me gusta verte así, dama. No hablo sólo de verte de forma integral, sino como el vértice de una interminable enumeración de aspectos que adoro. Quisiera darle un color, un grafo, una imagen, pero sólo me sale sentirte.
Otra acepción para el término es parte culminante de una montaña.
También me gusta. Mi vida y todos sus otros aspectos me gustan y me satisfacen, pero estar contigo la culmina. Por ello, y no con un "mi" de posesión, sino de relación, en este sentido compones mi vértice.
La extraña y contradictoria dualidad de sentirse más fuerte y vulnerable simultáneamente, produce un vértigo que seguro nos induce a aprender a volar para mantener la altura. Enriquecedor, evolutivo, jamás estático.
Aprender, comprender, emprender, desprender... Pasan tantas cosas en nuestras vidas que haría falta una vida paralela para escribirlas.
Hoy he dado este salto para mirarlo desde la altura, y me gusta el paisaje. Tiene color, tiene forma, se mueve. No miré al futuro, no lo necesito. Pero siento que, aunque no necesariamente el vértice esté cerca, el camino sí es ascendente. Me gusta.
Los saltos no duran mucho, pero eso es lo que hace vivirlos intensamente.
Vuelvo al suelo, contento de la experiencia. Y sí, me siento más fuerte.
Mil besos y felices sueños,
dnlt
