Comentando en confianza sobre actitudes y reacciones, me quedó anoche remarcado el posible porqué de determinados comportamientos, en principio inexplicables.
En ocasiones puede parecer que la atención dedicada a personas que queremos (de una u otra manera y en más o menos medida) parece no ser correspondida, o al menos no en su totalidad.
La cuestión es que hablábamos de una persona famosa, que no hizo algo que estaba en su mano por alguien que y de quien se suponía era muy amigo. Tratando de comprenderle lo más empáticamente posible, pensé: "Demasiadas cosas en la cabeza, tal vez". Auditando ese razonamiento, me pregunté: "¿Más importantes que un amigo?". No necesariamente. Tal vez no sea una cuestión de importancia.
Recuerdo que, cuando con mi ex-pareja íbamos a tener al primer hijo, alguien nos dijo: "Ahora vais a tener que haceros a la idea de que recibiréis menos (amor, quería decir él) el uno del otro, al tener que compartirlo con vuestros hijos".
Pienso que en estos casos, pasa lo mismo, pero dándose un claro desequilibrio. En el caso de la pareja, el reparto es por igual, dado que ambos lo reparten con la misma cantidad de personas. En el caso de las amistades, el desequilibrio es casi inevitable, sobre todo si una de las dos partes tiene una vida social tremendamente más rica que la otra.
Por ello, no podemos esperar una correspondencia de la misma dimensión, de una persona que debe corresponder a mucha más gente.
Gráficamente, lo imagino como un sólo nodo social(persona) con conexión a muchos otros nodos, teniendo que repartir su "ancho de canal de relación o capacidad de atención" entre todas las conexiones. Ello implica que la cantidad de atención que puede dedicar a los demás queda mermado notablemente.
El procedimiento habitual para compensarlo consiste en dedicar alternadamente un canal mayor, estableciendo una periodicidad en ello. La clara ventaja de este método consiste en que, cuando se atiende a alguien, se le atiende en mayor medida. La no tan clara desventaja es que, si no se está atento, pasan de largo momentos en que los demás nos necesitaban, provocando en cierta manera que les "fallemos", no por falta de voluntad, sino tan sólo porque "no era su turno".

Tener presente esto puede contrarrestar cualquier posible ansia provocada por nuestro deseo de atención por parte de gente a la que queremos y/o admiramos (e incluso envidiamos) mucho.

¡Tooooomo nota!

Por cierto, a mí me pasa conmigo.
-¿Qué quieres decir?

-Va, lo hablamos en privado, déjame despedirme.
-Tú mismo.
-Celoso.
-Pendón.

Pues eso, que felices sueños,

dnlt